1. Siempre he pensado que El año pasado en Marienbad es un film que tiene algo de invención, como Amanecer, como L’Atalante, como El cuarto mandamiento, algo que se percibe en las imágenes: una especie de misterio que remite al origen de las cosas. Es por eso que, aun presentando ciertas similitudes con las vanguardias de los años veinte, da la impresión de ser un experimento que no se asemeja ni al cine clásico ni a la nouvelle vague. El libro que ha escrito Hilario J. Rodríguez, tomando como punto de partida la película de Alain Resnais, ha tratado de captar precisamente esta sensación de novedad y de misterio. Recuerdos del futuro. El año pasado en Marienbad (Providence Ediciones, 2025) es, en este sentido, un recorrido por los caminos menos transitados por la crítica cinematográfica, una propuesta que se presenta en forma de díptico, con texto y notas complementándose mutuamente, como si se tratase de dos libros escritos sobre un mismo tema. Es muy significativo, por lo demás, el interés que muestra el autor en presentar el film como una obra compartida por Alain Robbe-Grillet y Alain Resnais, explorando la vocación y la trayectoria de ambos artistas, incidiendo especialmente en el aspecto materialista que el escritor concede a la historia y en la percepción más romántica que atesora el cineasta, porque, a pesar de las discrepancias, de las diferencias en el enfoque de la historia, la colaboración de los dos autores abre un abanico de posibilidades muy amplio en una época, la década de los cincuenta y los sesenta, repleta de experimentación en el campo del cine y la literatura. El resultado de esta colaboración se podría recitar casi como un apotegma: “Resnais sería el cine y Robbe-Grillet el teatro”.
2. El espectador
que contempla El año pasado en Marienbad queda atrapado en un laberinto
de imágenes y palabras mientras se desliza con los personajes por los jardines,
por los salones del palacio, por una red inextricable de espacios
infranqueables. La mirada del espectador deambula, perdida. Hilario J.
Rodríguez ha definido de una forma muy precisa esta sensación espacial
señalando que El año pasado en Marienbad “es una película con vocación
de territorio”, un laberinto lleno de recovecos y rodeos. El espacio se
apropia de la historia: el palacio y los jardines, el interior y el exterior,
un cementerio en su totalidad del que, lógicamente, nadie puede escapar. Los
personajes que transitan por estos espacios singulares permanecen en silencio,
aunque a veces dicen cosas inconexas y a veces, también, repiten las mismas
frases una y otra vez. Están anclados como en una representación, entran y
salen del encuadre, como en una obra de teatro. El autor ha insistido en este
aspecto que resulta determinante para poder entender el film: el profundo
carácter teatral y barroco de El año pasado en Marienbad, que se
abre y se cierra con una obra de teatro. La existencia de múltiples espejos,
que reduplican y, al mismo tiempo, diluyen a los personajes, contribuye a
fortalecer el efecto teatral y la sensación claustrofóbica. Resulta más
sorprendente advertir, en todo caso, que esta sensación de estar atrapado en el
espacio, que se manifiesta de forma recurrente en El año pasado en Marienbad,
parece trasladarse a las vidas de los autores. Hilario J. Rodríguez ha indagado
en esta turbadora idea, en las consecuencias casi inevitables que provoca la
filmación de esta película, que se convierte de este modo en un acontecimiento
casi definitivo en las biografías respectivas de Resnais y Robbe-Grillet. No es
exagerado afirmar, siguiendo este argumento, que Resnais nunca volvió a crear
una obra de tal calibre, unas imágenes únicas como las
que se ven en El año pasado en Marienbad. Incluso Robbe-Grillet parece
definitivamente marcado por el hecho de haber participado en la película,
atrapado quizá en las redes de Marienbad. Una sensación extraña de estar al
borde del vacío debió, sin duda alguna, pesar como una losa en las trayectorias
de los dos autores. Pero más sorprendente aún es comprobar que esta sensación
de estar atrapado va más allá de los personajes, el espectador o los creadores.
Se traslada definitivamente al propio escritor que indaga en Marienbad.
3. Quizá no sea casualidad que W.G. Sebald haya escrito una Elegía de Marienbad, como Goethe. Los paralelismos invocados por el autor permiten, en cualquier caso, establecer constantes correlaciones: “Goethe ve el amor (no correspondido) y Sebald ve la muerte. Resnais, en este sentido, era Goethe, y Robbe-Grillet era Sebald”. Quizá no sea casualidad, también, que Resnais haya elegido ese título, El año pasado en Marienbad, para su obra maestra, o que el libro que ha escrito Hilario J. Rodríguez convierta la historia del cine en una especie de 'historia Marienbad'. Llegados a este punto es evidente que Recuerdos del futuro no es exclusivamente un libro sobre una película. Es un ensayo que explora las relaciones que, de forma implícita o explícita, se ponen en evidencia con otras manifestaciones artísticas o, dicho de otro modo, es una indagación sobre el mundo imaginario de Marienbad creado a partir de la representación que vislumbramos contemplando las imágenes. Quizá por ello no sea casualidad, finalmente, que el autor cierre el libro con un recuerdo emotivo a Souvenirs d’une année à Marienbad, un documental montado con las imágenes rodadas en súper 8 por Françoise Spira durante el rodaje de la película y estrenado en 2010 después de ser rescatadas dichas imágenes. Es un recuerdo del futuro que contribuye a perfilar la 'historia Marienbad'.