viernes, 23 de octubre de 2026

Contra el fascismo

 

1. En 1995, en la universidad de Columbia, Umberto Eco pronuncia una conferencia titulada Il fascismo eterno, Eternal Fascism o Contra el fascismo (aquí en España, en Lumen, 2025). Retomando los recuerdos de su infancia, seguramente conmovido, pero al mismo tiempo consciente de la importancia del asunto tratado en la lección, el escritor toma como eje de todo su discurso la palabra ‘libertad’, una palabra que en la década de los años 20 del pasado siglo se sitúa en el centro de todos los debates intelectuales en Italia. El estandarte de la causa frente al fascismo durante esos violentos años, como se sabe, es Benedetto Croce. En la mente del joven Umberto Eco, la palabra milagrosa, ‘libertad’, va cobrando sentido como símbolo de la resistencia en la segunda guerra mundial, como emblema de la lucha contra el fascismo. ‘Libertad’ y ‘fascismo’ son dos palabras que entran en conflicto. En la conferencia pronunciada en la década de los años noventa, pues, el escritor decide volver sobre esos recuerdos. Enfrente tiene un auditorio de jóvenes estudiantes. Sabe que el tema que va a desarrollar es decisivo, que la memoria histórica es fundamental en toda sociedad democrática. El fascismo, señala oportunamente Umberto Eco, es mucho más que un régimen político y una ideología: es una forma de sentir y de pensar, que implica una serie de hábitos culturales y de costumbres. La afirmación que, en términos generales, tiene un carácter casi tautológico, retumba en la sala donde se aglomeran los estudiantes de Columbia. El escritor italiano define el fascismo como “un totalitarismo fuzzy”, difuso, una especie de “collage de diferentes ideas políticas y filosóficas, una colmena de contradicciones”, una dictadura de derechas que triunfa en Europa precisamente por ese carácter heterogéneo, incapaz de mostrar un programa o una ideología concretos y coherentes. Y es que el fascismo italiano, a diferencia de regímenes totalitarios como el estalinismo y el nazismo, no tiene un ideólogo como Zdanov, ni un arquitecto como Speer. En cambio, tiene un poeta nacional como D’Annunzio, permite el desarrollo de vanguardias como el futurismo y soporta a los poetas herméticos. La tesis sobre el fascismo de Umberto Eco  se sostiene, finalmente, en la idea de ‘juego’: “se puede jugar al fascismo de muchas maneras y el nombre del juego no cambia”, se mantiene siempre un aire de familia.

2. En el auditorio de la universidad de Columbia resuena con fuerza el concepto de ‘ur-fascismo o fascismo eterno’. El culto a la tradición, es decir, el tradicionalismo, basado en la existencia de una verdad primitiva, revelada desde los orígenes, es relacionado por el escritor italiano con el sincretismo religioso y con ciertas convicciones que rechazan la modernidad y la ilustración. A su vez, el irracionalismo, un aspecto implícito en el 'ur-fascismo', es relacionado por Umberto Eco, también, con una actitud reticente hacia todo lo que representan la cultura y el mundo intelectual, y que rechaza de plano el pensamiento crítico. Además, las frustraciones, individuales o colectivas, matiza el escritor, que están vinculadas con la búsqueda de una identidad que no se atesora, son el caldo de cultivo para el desarrollo del fascismo. En ese sentido, la identidad más vulgar, la pertenencia a una nación, se presenta en el discurso como necesaria para crear enemigos. La vida se concibe, desde esta perspectiva, casi como una lucha perpetua, una guerra permanente que se opone a cualquier tipo de pacifismo, que, lógicamente, es visto con cierta acritud. El odio a la diversidad, que entronca con el natural miedo a la diferencia, con el racismo y con la xenofobia, completa el panorama heterogéneo del ‘fascismo eterno’. 

3. No es casualidad, en definitiva, que Umberto Eco remate su discurso ante los estudiantes de la universidad de Columbia poniendo el acento en el tema de la memoria. Quizá sugiere la idea de que en determinados círculos se ha desarrollado una cierta identificación entre reconciliación y olvido. El tema es crucial. El escritor vuelve sobre sus recuerdos. Es necesario no olvidar. El fascismo sigue presente en muy variadas formas. La lucha por la libertad, atrona la voz de Umberto Eco, es una tarea inacabable.