jueves, 29 de noviembre de 2018

El ruido del viento



El ruido del viento es la primera novela de Francisco Monteagudo Montiel (M.A.R. Editor, 2017), una narración que se centra en una saga familiar, una historia intimista de tres hermanos, que trata de recrear el mundo interior de los personajes, contada desde ópticas diferentes, con distintos registros, con continuos cambios en los puntos de vista, en el tono y en el estilo, pero también con evocadoras repeticiones de imágenes, de frases que se entrelazan. Los nombres de los tres hermanos, Alter, Desider y Jesuel tienen, como toda la narración, amplias resonancias bíblicas. El monólogo interior de Alter es una propuesta del autor que sirve para expresar el silencio y la soledad del personaje. Alter emplea un lenguaje entrecortado, repetitivo, que traduce sus pensamientos más íntimos, una sensación de culpa, acompañada de angustia y desasosiego profundo. Frente a esta suerte de infierno que atormenta a Alter, el tono de los discursos de Desider es confesional, tiene el aire de una derrota asumida, como cuando se hace balance y se asume el fracaso en la vida. Una historia prohibida de relaciones secretas y de homosexualidad concede un cierto tono de amoralidad y depravación a todo lo que cuenta Desider y al mismo tiempo pone en evidencia la inocencia de su carácter. Finalmente, la historia del más pequeño de los hermanos, Jesuel, nos retrotrae a los recuerdos de la infancia, las peleas en el colegio y los juegos infantiles. La necesidad de labrarse un futuro y la apertura a un nuevo mundo, el del trabajo, el de la iniciación al sexo en una casa de prostitutas, sólo sirven para recalcar la violencia familiar.
            La violencia parece, efectivamente, una herencia familiar, es la fuerza de la sangre, el inexorable peso del destino que marca la vida de los personajes. Esa herencia de la sangre, esa fuerza del destino es la que hace que Desider retorne a casa, al seno familiar o la que empuja definitivamente a Jesuel en su huida hacia la nada. La casa familiar, con sus paredes desconchadas que parecen hablar, da la sensación de atrapar a los personajes en una especie de malla inextricable. Este panorama asfixiante, cerrado, se completa con la figura omnipresente del padre, un hombre primitivo y violento que parece arrancado de otra época. Cualquier circunstancia excepcional, como la aventura homosexual de Desider o la historia de Jesuel con la prostituta, se asemeja a un sueño en medio de las trivialidades de la vida en el pueblo, en un ambiente que se antoja en algunas ocasiones irrespirable.
            El ruido del viento es, en definitiva, una historia de hombres, de primitivismo atávico, de ritos de paso, en donde se evoca el pasado común y en donde se palpa “la pérdida irreversible de códigos, costumbres, verdades intangibles entre hombres que se las llevaron consigo”.