jueves, 30 de julio de 2020

Autobiográfica 6

Es difícil precisar la forma en que se escribe un libro cuando los años pasan de forma inexorable y el recuerdo que viene a la mente es el de un escritor dando vueltas y más vueltas empeñado en una investigación que parece no tener fin. Así me aconteció durante la última década del pasado siglo, pues pasaba la mayor parte del tiempo ocupado en una reflexión que estaba resultando inacabable. Era un estudio, por el que luego me convertiría en doctor en historia antigua, que versaba sobre la tradición oral en los textos platónicos. El tema era de envergadura y me provocaba continuos quebraderos de cabeza, porque ya se sabe que entraña gran dificultad todo aquello que camina de lo oral a lo escrito y al revés. Pero mi empeño era inquebrantable y tras diez años de lucha titánica el trabajo de investigación llegó a su fin. Recuerdo que en el verano del año 2000 el estudio quedó acabado y mi mente soñaba con la publicación de un libro que fuese fiel a mis anhelos y reflejo del ardor con el que había desarrollado mi trabajo. Tras la lectura de la tesis doctoral, por fin llegó el momento de la verdad. Terminada la comida que daba cumplimiento a la tesis, recuerdo que paseando por la céntrica calle Trapería, en Murcia, se sucedieron, como por ensalmo, dos conversaciones sobre el mismo tema. ¿Era el azar o el cumplimiento de mi destino? Mi alma estaba azorada, pero al mismo tiempo replegada sobre sí mismo, pensando en las dos proposiciones tan diferentes que me habían ofrecido pero que caminaban en el mismo sentido. Tenía encendido el ánimo, ya que me proponían la publicación de un libro sobre la tradición en Platón. Blázquez, profesor emérito en Madrid, me recomendaba publicar la investigación en su totalidad, tan sólo realizando las revisiones tipográficas correspondientes, mientras mi maestro, A.G. Blanco, sugería la posibilidad de escribir un ensayo con algunas partes del estudio desarrollado. Lógicamente, acabé haciendo caso a mi maestro y en el año 2002 apareció en la Revista murciana de Antropología un ensayo titulado La tradición en Platón. Lo que sucedió a continuación también es digno de mención. Tratando de evaluar el calibre de mi trabajo me dediqué, durante mucho tiempo, a enviar ejemplares del libro a especialistas en historia antigua del más alto nivel. La verdad es que el ser humano siempre busca una justificación externa que dé sentido a la labor que realiza y en mi caso creo que andaba buscando la anhelada ratificación por parte de alguien de reconocido prestigio.

            Recuerdo con emoción, todavía, la conversación telefónica, prolongada por más de una hora, con Emilio Lledó. La quebrada voz del maestro me llegaba a través del hilo telefónico sugiriéndome que el libro merecía una edición mejor que aquella que se había realizado, en la que el estudio se confundía en medio de una revista de antropología. Algunos de mis amigos apuntaban en el mismo sentido, pero la opinión de Lledó ratificaba algo que ya barruntaba desde hacía tiempo y que no era otra cosa que la búsqueda de una edición literaria lejos del escenario académico. Entretanto, el libro iba cayendo en manos de escritores e historiadores a los que admiraba mucho. Entre los lectores del libro, que son bien pocos, tengo el placer de mencionar a Giuseppe Cambiano y Luciano Canfora en Italia, Luc Brisson en Francia y Geoffrey Lloyd en Inglaterra. Desde mi punto de vista, recibir palabras amables de estos señores ha sido una bendición y ha dado sentido a todo el trabajo realizado a lo largo de una década. Quizá era eso lo que andaba buscando, más allá de una nueva edición. Anhelaba dar sentido a las cosas, porque por encima del éxito literario se encuentra la necesidad de cuadrar la labor realizada como si se tratase de una cuestión geométrica. Además, el libro inicialmente publicado en una revista universitaria, con el desarrollo paralelo de mi trayectoria literaria, alcanzó por fin una edición fuera del ámbito académico. Mi editor en Ediciones Irreverentes, Miguel Ángel de Rus, se mostraba encantado con el estudio sobre Platón, que reconocía, lo cual causaba mi asombro, haber leído varias veces. Así pues, finalmente, en el año 2015 salió a la luz nuevamente el libro, con prefacio de Luc Brisson. Yendo más lejos todavía, la presentación del ensayo en el salón de Grados de la Facultad de Derecho de Murcia, un 21 de mayo de 2015, me permitió conocer personalmente a Luc Brisson, quien aquel inolvidable día de mayo dio una conferencia magistral sobre El papel del mito en Platón y sus prolongaciones en la antigüedad. Fue un día de gloria en el que departí, en la comida y en la cena, con uno de los helenistas más reconocidos del mundo, estando acompañado, además, por mi maestro, A.G. Blanco, y por mi infatigable amigo, a la sazón vicedecano de la Facultad de Letras, J.A. Molina, quien había tenido la brillante idea de invitar a Brisson a la universidad de Murcia. Así, con aquel día de gloria, parecía cerrado el círculo del libro, de forma geométrica y perfecta. Pero todavía quedaba una sorpresa inesperada, que vendría a rematar el asunto, esta vez, creo, de una forma definitiva.

            En 2019 tomé la decisión de enviar un ejemplar de La tradición en Platón al escritor Alberto Manguel. Esto requiere una pequeña explicación. Es cierto que yo había entrado en contacto con Manguel a través de Dante. En 2017, tras haber publicado una obra de teatro titulada El exilio de Dante, sabiendo que el escritor Alberto Manguel admiraba profundamente la obra del poeta italiano y teniendo en cuenta que por aquella época era el director de la Biblioteca Nacional argentina, envié a Buenos Aires algunos de mis libros, entre ellos, por supuesto, la obra sobre Dante. La respuesta de Manguel no se hizo esperar. Mis libros irían a reposar en los anaqueles de la Biblioteca Nacional argentina, excepto “el Dante”, que entraba a formar parte de la inmensa biblioteca de Manguel. Se ha de decir en este punto del relato que esta biblioteca, de treinta y cinco mil libros, ha sido el punto de partida de un libro admirable de Manguel, que yo leí por esa época y que se titula Mientras embalo mi biblioteca. Fue, precisamente, mientras leía este libro cuando se me ocurrió la idea de enviar “mi Platón” a Manguel. El ser humano es vanidoso por naturaleza, no cabe la menor duda. Por eso, me permito reproducir la carta que recibí de Alberto Manguel un 26 de agosto de 2019, procedente de Nueva York. En la carta se lee lo que sigue: “Estimado Pedro. Mil gracias por su Platón. ¡Es extraordinario¡ He aprendido muchísimo leyéndolo y es admirable que sea ésta la obra de un Amorós joven (si debemos creer que no modificó su tesis original). Me interesó sobre todo su pesquisa acerca del pasaje del mito a pheme [rumor], concepto esencial hoy. Felicitaciones. Un abrazo. Alberto”. Al recibir esta carta, envuelta en una tarjeta que reproducía una pintura en miniatura de Jean Poyer (St. Marta Taming the Tarasque), tenía la sensación de adentrarme en otro mundo. Lo que se había iniciado como un estudio del cambio antropológico en la Grecia antigua tras la guerra del Peloponeso, a partir de los textos platónicos, tenía su justo acabamiento con una bella carta que procedía directamente de la isla de Manhattan.